UN DÍA-NORMAL

4:40 a.m.

Suena mi despertador como cada día para iniciar mis actividades. Afortunadamente soy de ese pequeño porcentaje de personas con un TCA (Trastorno de la conducta alimentaria) que pueden ser funcional en una vida “normal”, así que cada mañana me levanto para ir a trabajar.

Abro lo ojos, mis manos inmediatamente tocan mi abdomen, una de ellas con el pulgar y dedo meñique mide lo ancho de mi muñeca, entonces llega el primer pensamiento del día, ¿Cuánto subí? o ¿Cuánto bajé de peso?. Difícil saberlo en realidad pues no tengo báscula en casa; después de mi internamiento tuve que deshacerme de ella y aún siete meses después me inunda la ansiedad de no poder saber el número exacto. Sólo pensar en esta sensación mi respiración se empieza a acelerar. 

Todo esto sucede en menos de un minuto. Me paro de la cama y levantando un poco mi pijama volteo al espejo para ver mi abdomen… seré honesta, pocas veces me gusta lo que veo.

Así todo empieza a ocurrir, si me levanté con la mejor actitud y en verdad me siento positiva, elegir mi outfit será lo más divertido y motivante para iniciar el día; de lo contrario todo se sale de control. Siento que mis jeans me quedan justos, que la ropa holgada me luce mucho mejor, que el cabello suelto oculta lo ancho de mi cara. En en pocas palabras, cada elección que haga en ese instante sobre mi aspecto, definirá algún miedo hacia mi cuerpo y mi apariencia durante el resto del día.

Entonces está hecho y creo sentirme lista para iniciar… bueno a excepción del desayuno claro, llega entonces el momento clave a las 6:00 a.m. y elijo comer. La primera batalla ganada por hoy. Aún tengo un largo día en movimiento y sé que tomar esta pequeña decisión definirá mis próximos minutos sintiéndome bien para continuar. 

Ahora si ¡Aquí vamos día!

Catarsis por Carolitho.